Existen muchas formas menores de este trastorno, de las cuales la menos importante es aquella en la que la rótula está ligeramente inclinada y no se desplaza de forma adecuada en su surco. Esto ocasiona una presión excesiva sobre una cara de la articulación que da lugar a síntomas dolorosos y daño en las superficies del cartílago articular. Diagnosticar esta alteración es muy difícil y, a menudo, ocasiona síntomas molestos que persisten durante muchos años. Problemas relacionados con las superficies de contacto La parte anterior de la rodilla es muy vulnerable a las lesiones, y esto puede ocasionar daños en las superficies articulares de la articulación femororrotuliana. A pesar de su vulnerabilidad, la lesión repentina tras una caída es relativamente poco frecuente. Todavía no se conocen por completo las causas exactas del daño en las superficies articulares. Aunque la lesión sigue siendo una posible explicación, es probable que el mal alineamiento de la rótula en su surco sea una causa de lesión frecuente y más insidiosa. Esto tan sólo se produce de una manera lenta después de varios años.  La rótula se encuentra inmediatamente debajo de la piel y de los grandes músculos que controlan la rodilla. Efectos secundarios de los problemas relacionados con la rótula A menudo, es difícil diagnosticar y comprender las causas que subyacen tras el daño de la rótula. No obstante, los efectos secundarios que resultan de una causa subyacente son frecuentes y agravan el trastorno. Entre éstos, el principal es el debilitamiento del músculo cuádriceps en la cara anterior de la rodilla. Este músculo controla el movimiento y la fuerza de la articulación. Cualquier alteración dolorosa de la rodilla conducirá rápidamente a la atrofia y el debilitamiento de este músculo, que posteriormente ocasionará más problemas de control y estabilidad. Cualquier daño que se produzca en el interior de la articulación dará lugar a la liberación de sustancias nocivas que ocasionarán inflamación, tumefacción y, por consiguiente, más dolor. Así, se desarrolla un ciclo de dolor, tumefacción, inflamación y debilidad, que puede originar un deterioro gradual de la función articular. |